-¡Pero no puedes hacer eso siempre!

-Claro que puedo –una sonrisa burlona asomó por sus labios.

-Te equivocas…

-Sí que puedo –dijo tajante- puedo trazarme un plan, esquemas, huir de los recuerdos y hasta de los sentimientos. Seguir con mi vida, sin importar el qué, quién incluso el dónde. Olvidarme de esa sensación que se posa entre el pecho y la espalda, de los nudos en la garganta y el temblor de piernas. Siempre y cuando…

-Siempre y cuando nadie te pille por sorpresa –enmudeció- ya va siendo hora de que alguien te sorprenda.

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