Las tardes de Diciembre y ciudad son para los -semi-corazones.


Era una tarde fría de aquellas que sólo otorga Diciembre. Aquellas mágicas que sólo da Barcelona. Cuando las luces se posaban encima de tu cabeza, vacilantes, esperando Navidad, aquella fiesta que sólo cobraba sentido por las luces y el chocolate caliente. Estaba de moda el echar de menos. Es irónico echar de menos algo que nunca has tenido. Mientras el corazón palpitaba, y los dedos se helaban. Mientras soltaba suspiros y sonrisas tristes, casi al vacío. Mientras la gente pasaba con esas estúpidas prisas por los lados. Aquel atardecer del año cero. Aquel invierno del ‘99. Con la cámara entre las manos, no lo pensó mucho, disparó. De allí salió la foto número 59.

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