La catástrofe fue inmensa.

A no estaba acostumbrada aquello, y nunca lo estará. Porque cuando has pasado media vida vagando sin sentido fijo, girando al inverso que el resto de la orbita terrestre, no te acabas acostumbrando a nada. Quizás a la soledad un poco (o mucho), aunque siempre anhelas que desaparezca. De repente fue Febrero, y aunque parecía alargarse, acabó por esfumarse por un recoveco de aquellas calles que algún día nos observaron, cuando el sol era bajo y acariciaba los ojos. Cuando tus manos eran frías.
Febrero acabó por desaparecer por completo, aunque a veces, sólo a veces, sigue estando presente.

Y aunque tengo un nuevo Diciembre en mi vida, yo soy Simon, tú, Garfunkel.

3 comentarios:

  1. me siento tan identificada... vagando de un lugar a otro, y a pesar de sus pegas no poder dejarlo por nada mas

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  2. es que nadie se acostumbra a nada querida amiga..
    un besote

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