Y lo volvió a sentir. Sintió las cañerías frías, quizás el agua estaba helada. Quizás como su interior. Sintió aquel frío que se ceñía a las sabanas de su cama, robándole el sueño. Sintió el dolor en el orgullo, aunque no sabía cual de los dos pesaba más. Sentía como perdía cualquier sentido del control, del autocontrol. Ese que se había esfumado con la llegada del frío. Quizás el frío ralentizaba las cosas, o las aceleraba, de cualquier forma, lo único que sentía es que el tiempo jugaba a sus anchas, trazando líneas y borrándolas, dejándola a ella a un segundo plano, como un muñeco estropeado por las vueltas de las agujas del reloj. Quizás es que no sabía por lo que valía la pena luchar, o simplemente no encontraba nada por lo que luchar, por lo que valdría la pena. O quizás su mente había roto el espíritu de su corazón. Quizás era el frío, o quizás ese agridulce Diciembre.

7 comentarios:

  1. Me encanta el frío y me encanta diciembre. Muchas veces, un trozo de hielo calma las heridas :)

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  2. Seguramente necesite un poco de calor para olvida todo aquel frio ¿no?
    Magnifico texto

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  3. Cuanto tiempo sin pasarme por aquí *.*
    Jo, sigue gustándome mucho lo que escribes...
    yo por fin he actualizado después de mil años (ya era hora!)

    En fin, un besillo... saludotes!

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  4. Quizá tenía la caldera estropeada... y este lugar y ellos malditos sean?

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  5. El frío nos vuelve a todos un poco objeto.

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  6. tu mejor texto sin lugar a dudas :)

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  7. Esa sensación siempre vuelve.... acomodate y déjala hacer.

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