No le importaba nada. Nada. No le importaba que hubiese abandonado una vida. No le importaba el trabajo que acababa de dejar. No le importaban las miradas acusadoras de los desconocidos. No le importaban las calles abarrotadas de gente. No le importaban los problemas superficiales, le aburrían. No le importaba los gritos, las decepciones ni los reproches. No le importaba verse en una ciudad ya desconocida. No le importaban las palabras forzadas, las conversaciones intrascendentes ni los gritos envasados al vacío. Nada. Ahora le tocaba a él.

2 comentarios:

  1. Ya era hora de empezar a vivir, no? :)

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  2. Oh si! Revivamos! Encontremonos a nosotros mismos! :)

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