La brisa casi inexistente de la tarde le quemaba las mejillas. El ambiente era sofocante. El camarero le trajo otro refresco. Con ansias se lo llevó a la boca, el hielo del vaso rebotó contra sus labios. Suspirando se recostó contra el respaldo de la silla de metal. Hacía apenas dos semanas que había regresado a la ciudad. La encontró desconocida, vacía y fría. Pero poco a poco había ido recuperando su tonalidad, en realidad, la oscuridad había reinado demasiado. Y por primera vez sentía que había más luz de lo habitual.
-Hola –dijo su voz. Aquella voz que había añorado tanto, aquella voz que hacía que su bello se erizara y hasta sus mejillas se sonrojaran. Su voz. La voz- Vengo a regalarte el resto de mi vida –Y con aquellas palabras ella se sentó a su lado.

7 comentarios:

  1. brrr... a mi si me que mhas erizado el bello con LA FRASE. (L)

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  2. tía me encanta esa foto :_)
    súbela a flickr ya!

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  3. por cierto, de qué libro es ese fragmento? porque es PRECIOSO

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  4. JAJAJAJAJAJA mucha razón tienees!
    No me costó mucho, usé la técnica de la goma esa azul, con el chicle me lo pasé por la cara y punto jajajaja

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  5. pues déjame que te diga que escribes genial :)

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  6. sería fría, y diferente de hace tiempo. pero volvía para regalarle el resto de su vida. a veces, no puede pedirse más;)

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