quizás lo único que queremos es a alguien que consiga salvarnos de nosotros mismos.

Pero soy difícil de matar.

Supongo que lo bueno de tener un corazón herido, es que sabes que puedes salir. Que sobrevives. Que necesitan mucho más para matarte.
Esta ola de frío se queda corta al lado de tu corazón.
Hay que ver las vueltas que te da la vida.
Y es raro.

(el echar de menos algo que nunca has tenido.)

Hay que salir, hay que salir de aquí.

Me digo lo mismo cada mañana...cada mañana...cada mañana
voy a despedirme sin previo aviso de lo más triste de mí mismo.

La revolución interna puede comenzar...

-¡Pero no puedes hacer eso siempre!

-Claro que puedo –una sonrisa burlona asomó por sus labios.

-Te equivocas…

-Sí que puedo –dijo tajante- puedo trazarme un plan, esquemas, huir de los recuerdos y hasta de los sentimientos. Seguir con mi vida, sin importar el qué, quién incluso el dónde. Olvidarme de esa sensación que se posa entre el pecho y la espalda, de los nudos en la garganta y el temblor de piernas. Siempre y cuando…

-Siempre y cuando nadie te pille por sorpresa –enmudeció- ya va siendo hora de que alguien te sorprenda.